miércoles, 20 de septiembre de 2017

El hombre ha sido creado para alabar a Dios, ¿aún por la tierra que tiembla?

No podría recordar con exactitud cuál fue el primer sismo que viví. Recuerdo alguno en la primaria, alguno en casa de mis abuelos…pero sí recuerdo el primero que “sentí”. Me encontraba sólo en casa, trabajando en la computadora, quizá haciendo algún trabajo de la secundaria o quizá simplemente pasando el rato. De pronto me sentí mareado y como si me diera vueltas la cabeza. Mi primer pensamiento fue que había ya pasado demasiadas horas frente a la computadora, faltaban años para que existiera la alarma sísmica en las calles, cuando entró mi abuelita por la puerta asustada diciéndome que había temblado. Hicimos lo de siempre, salir a la calle donde los vecinos ya se juntaban. Sólo recuerdo que estaba un poco nervioso porque ahora sí sabía lo que se sentía un temblor.

Antes de eso para mí un temblor únicamente era un movimiento de lámparas, algún letrero en la calle…nada más. Sin embargo, siempre que había un sismo nuestros abuelos y nuestros padres nos contaban del 85. Estaban agradecidos que el sismo que acababa de pasar no hubiera sido como aquel año.

Cuando entré a la universidad nos dieron una plática acerca de los temblores. Supongo que fue por mi edad, pero empecé a ser más consciente de lo que podía implicar. Se instaló la alarma sísmica en las calles, se hacían más simulacros… hasta hace un día habría dicho que sabía lo que era un temblor y lo que se debía hacer durante uno. En la ciudad de México todos sabemos lo que es un temblor, creo que para mí y la mayoría de mi generación no había duda de eso.

El primer susto vino hace unos días, me encontraba con mis amigos en Hermosillo. Después de un día de conferencias durante un congreso y de una cena bien merecida regresamos al hotel entre risas y carcajadas cuando recibí un mensaje de un amigo, “¿Todos bien?” En cuanto lo leí supe que había temblado, pregunté, “¿tembló?” La respuesta sólo fue “Tembló durísimo. 8.1 preliminar”. Rápidamente les dije a mis compañeros al tiempo que intentaba contactar a mi familia. En México estábamos acostumbrados a los temblores, si, de no más de 7 grados. Siempre que nos hablaban del 85 mencionaban ese 7.9. Para nosotros saber que había habido un temblor de 8.1 era algo nuevo y alarmante. Uno de los comentarios que recuerdo fue, se debe haber caído la ciudad. No recuerdo haberles dicho después a mis padres y mi hermano lo asustado que estaba pensando que algo grave habría podido ocurrir.

Gracias a Dios nos contestaron pronto, todos bien. La ciudad, saldo blanco. Todos estaban orgullosos de cómo, 32 años después del 85, la ciudad había resistido un sismo “más fuerte”. Parecía que todo había salido bien, los chistes empezaron a circular por internet. Sin embargo, poco a poco nos fuimos enterando de la situación en Chiapas y Oaxaca. No era muy alentador.
Se habló mucho del temblor, el porqué en la ciudad no había habido daños, la distancia al epicentro... En las noticias hablaban del sur del país pero quizá no se le prestaban la atención que debía, rápidamente dejo de ser el titular en las noticias. Aunque se empezó a organizar la ayuda. En los pasillos de mi facultad se veían varias cajas con la ayuda necesaria para enviarla.

Las fiestas del 15 y 16 de septiembre se vieron marcadas por la aparición del grito “¡Viva la solidaridad con Chiapas y Oaxaca!” pero también por una ausencia. Por la ausencia de muchos militares durante el desfile. Militares parte del plan DN-III que ha salvado tantas vidas en México y en otros lugares del mundo. Ese ejército que, en todos los desastres naturales, nos llena de orgullo a los mexicanos de saber que siempre están ahí apoyando a su país. Siempre se le aplaude especialmente durante el desfile. Pero esta vez no pudieron asistir. Todos lo entendieron, todos lo celebramos.

Entre vivas y tradiciones, llegó el 19 de septiembre. Yo había comentado que me parecía poco sensible hacer un simulacro días después del terremoto en el sur del país. Me parecía poco solidario de parte de la capital del país, de un país que es centralista en exceso y una ciudad que cada día se mostraba más egoísta. Aún había gente que decía que en el sismo de la semana anterior no había pasado nada. Sonó la alarma, salimos procurando tener algo de sombra mientras duraba la ceremonia. Vimos a lo lejos a dos profesores con un altavoz, no se escuchaba nada. Al poco tiempo nos dejaron pasar de nuevo a los laboratorios. 

Hasta hace un día habría dicho que sabía lo que era un temblor…hoy, sé que jamás olvidaré el sonido de las ventanas crujir, la confusión por algunos segundos, escuchar un golpe sordo, pero bastante fuerte, mientras sentía una sacudida dándome cuenta de que estaba temblando. Y así salimos todos. No hubo alarma que avisara, no hubo tanta calma al salir como unas horas antes.

Caras asustadas, caras nerviosas, caras serias…creo que todos teníamos los mismos sentimientos. No sé que cara tendría yo, pero estaba asustado. Comenzamos a caminar hacia el estacionamiento de la facultad, rápidamente comenzamos a enterarnos de los daños. Una parte pequeña del barandal de un edificio se había caído, a lo lejos se veía uno de los edificios de la universidad con las ventanas rotas. Un coche prendió su radio y comenzamos a enterarnos de lo que sucedía en la ciudad. Había edificios caídos, comenzaba el caos.

Nadie podía, ni podrá entenderlo, por qué 32 años después. Por qué un 19 de septiembre. Lo que algunos no vivimos entonces, ahora no podremos olvidarlo. Esta vez, las noticias fueron más lentas, poco a poco, algunos nos fuimos enterando de que nuestras familias estaban bien. Otros seguían intentando comunicarse. Nadie sabía que hacer, regresar a casa, quedarse en la universidad.  Decidí venir a casa. En el camino encontré un amigo que buscaba a su hermana. Se veía preocupado y nervioso. Le presté mi celular pero la señal iba y venía. Finalmente logró contactarla. Su cara cambió al instante.

Al llegar a casa, nada de luz. La única fuente de comunicación, un radio viejo con un par de pilas. Caos en varios lugares, pero la gente ya había comenzado a ayudar. Mi hermano y yo comenzamos a buscar algún sitio donde poder ayudar. Afortunadamente no había edificios cercanos derrumbados. Por el radio pedían no salir, el transporte era imposible en esos momentos en la ciudad. La impotencia que sentía era algo completamente nuevo para mí. Había necesidad y yo no podía hacer nada.  

Así como me habían enseñado durante años mis abuelos y mis padres, comenzamos a rezar un rosario. A las 7, habría una misa en la parroquia. Al llegar a la iglesia, vimos el templo cerrado. En el atrio, un pequeño altar improvisado, una bandera de México y una imagen de la virgen de Fátima. A los pies del altar, los restos de la cruz de cantera que había a la entrada del templo. Fue una misa emotiva. Aún se sentía el dolor, la conmoción, el temor, la duda.

Saliendo de la iglesia nos fuimos al estadio de la universidad. Habían convocado para formar brigadas de ayuda. Rápidamente encontramos un grupo, nos juntamos, nos dijeron que seríamos la brigada 76. Mientras pasaba el tiempo, comenzaron a salir las primeras brigadas mientras pedían de manera especial la ayuda de médicos, ingenieros y arquitectos. El tiempo siguió pasando. Nos dijeron que en ese momento ya no se necesitaban más voluntarios, que regresáramos a las 5 de la mañana.

Otra vez la duda, quedarse y esperar a que nos necesitaran o regresar a nuestras casas y volver a sentirnos impotentes. Nuestro grupo decidió quedarse. Cerca de una hora después no se veía más movimiento por parte de las brigadas. Nos dijeron lo mismo, se encontraban saturados de voluntarios y quizá nos necesitarían al día siguiente, o al siguiente. En el estadio ya estaba organizado el centro de acopio. Llegaba la ayuda y rápidamente la cadena humana la llevaba hasta el fondo. También ahí sobraban las manos. Solo quedaba esperar a que nos necesitaran.

Regresando a casa, las noticias sólo hablaban del sismo, del recuento de daños, bastante más grave de lo que habían dicho en un principio. El número de personas que habían muerto aumentaba. En la madrugada decidí acostarme para reponer fuerzas para el día siguiente. Tardé un buen rato en poder dormir.

Así viví el día que, como aquél que vivieron mis padres hace 32 años, jamás olvidaré. Con su silencio, con las sirenas en las calles, con los helicópteros en el cielo. Y así es como ahora, un día después, habiendo ayudado en lo poco que pude, me tomo un tiempo para seguir con las reflexiones que comencé frente a ese altar con la bandera y algunos pedazos de escombro.

El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios…. he leído esto anteriormente y creo firmemente que Dios creó el cielo y la tierra. Es fácil alabar a Dios por la creación cuando vemos un amanecer, los tonos rojos en el cielo, las montañas al fondo, los pájaros que comienzan a salir. Pero es imposible no sentirse confundido cuando intentas alabar a Dios por la tierra que tiempla y cuando has visto la destrucción que esto puede causar.

La pregunta no es nueva ni soy yo el primero que se la hace ¿Por qué pasa esto? Hoy un sacerdote me recordó la respuesta. Es simple, no vivimos para este mundo. Creo también firmemente en la resurrección y en la vida futura. Una vida plena, donde ya no habrá más sufrimientos. ¿Por qué pasa esto? Quizá no lo sabemos en el momento y debemos darnos cuenta poco a poco. Lo que hemos vivido en el país es algo terrible, pero la solidaridad que hemos vivido es más grande. Lo que vivimos hoy nos duele pero quizá más de una familia distanciada se volverá a unir. Particularmente, volví a hablar con una persona con quien me había dejado de hablar hace algún tiempo. Esa persona, y su familia, se encuentran bien y fue una gran paz para mí saberlo.  

Sufrimos, si, pero sabemos que pronto habrá motivos para volver a sonreír. El aniversario de mis abuelos es el 20 de septiembre. Curiosamente después del sismo del 7 de septiembre pensé cómo habrían pasado su aniversario en aquél año del 85. Hoy se exactamente cómo lo vivieron y se que, aun entre el sufrimiento ellos tenían un motivo para sonreír.

Más aún, fue un terremoto el que anunció a Jerusalén que Cristo había muerto, pero tan sólo al tercer día sería un amanecer el que trajera la gran noticia, ¡Cristo resucitó! El cantar del gallo, nos devolvía la esperanza.

Pido a Dios por todas las personas muertas durante este sismo para que resuciten con Cristo. Como mexicano agradezco la solidaridad de las demás personas y de los que no son mexicanos y nos muestran su apoyo. Se que vienen algunos días difíciles pero confío en que pronto tendremos nuestros motivos para volver a sentir la vida y alabar a Dios por la creación y, si nos concede la suficiente sabiduría, alabarlo aún cuando su creación sobrepasa nuestro entender.


miércoles, 1 de enero de 2014

Reflexiones sobre el sufrimiento

“ -¿Cómo van a gritar? Es cosa de un instante. Se coloca al hombre sobre una plancha y en seguida cae la cuchilla, movida por una potente máquina llamada guillotina. La cabeza queda cortada antes de tener tiempo de parpadear. Los preparativos son horrorosos. Sí, lo más terrible es cuando leen la sentencia al condenado, cuando le visten, cuando le maniatan, cuando le conducen al cadalso… Recuerdo que el criminal era un hombre inteligente, maduro, fuerte y resuelto. Pero le aseguro, aunque no me crea, que cuando subió al cadalso iba llorando y blanco como el papel. ¿No le parece increíble y tremendo? ¿Cómo cabe que haya quien llore de miedo? Yo no creía que el terror pudiese arrancar lágrimas a un adulto, a un hombre de cuarenta y cinco años que no había llorado jamás. ¿Qué pasa en el alma en ese momento? ¿Qué terrores la dominan?
-Al menos con ese género de suplicio no se sufre mucho.
-Eso es precisamente lo que todo el mundo dice y para eso se inventó la guillotina. Pero yo, mientras asistía a la ejecución, me decía: “¿Quién sabe si la rapidez de la muerte no la hace más cruel aún?”

El idiota. Dostoievsky

Todos sabemos que tarde o temprano debemos morir pero eso no hace que hablar de la muerte, en especial de la propia muerte, resulte sencillo dado que muchas veces causa temor. Tal vez porque la muerte generalmente va acompañada de sufrimiento, no solo para la persona que muere pero también para la gente a su alrededor, su familia o sus amigos, y en algunas ocasiones se lamenta la pérdida por toda una comunidad o incluso por el mundo.

O quizá también porque la muerte puede llegar de varias formas y en cualquier momento. Es verdad que no conocemos el día ni la hora pero tampoco la forma en la que llegará y eso puede aumentar el temor que se tiene a la muerte.

He notado que en general la gente dice preferir una muerte rápida sin mucha agonía y sonaba bien hasta que me topé con esa frase del idiota de Dostoievsky y lo digo así porque hoy en día parecería idiota pensar que una muerte rápida es más cruel que una muerte lenta por una enfermedad crónica o por un avance excesivo de la edad que vuelve a alguien “dependiente” de los demás.

La verdad es que he encontrado muy ciertas las reflexiones del escritor ruso. Cuando alguien muere rápidamente es generalmente una muerte violenta, y en especial para los que se quedan. Cuando una persona muere repentinamente no faltará aquél con quien no alcanzó a reconciliarse o ese hijo que desde hacía tiempo quería disfrutar un tiempo con su padre…sí, creo que son crueles y violentas las muertes rápidas y en especial cuando lo rápido no es en si el suceso de la muerte sino el tiempo que vivió una persona; es muy cruel y violento ver la muerte de tantos niños por la razón que sea.

En contraste cuando una persona muere después de una larga agonía por una enfermedad o por su avanzada edad generalmente existe un ambiente de paz y tranquilidad. Luego de las dificultades que provocó esa agonía ahora se puede descansar. Y además, sabiendo que la muerte está cerca, se puede por decirlo de alguna manera, dejar listos todos los asuntos pendientes como esa reconciliación o aquel hijo del que hablábamos.

Ahora bien, muchos dirían que la enfermedad en sí también es cruel y violenta. Es claro que ahora se tiende a evitar el sufrimiento y se le tiene más miedo aún que a la misma muerte. Me parece que esto se debe a que la gente no sabe vivir el sufrimiento y tal vez hasta podría decirse que no lo valora lo suficiente. En un contexto religioso el sufrimiento puede valorarse y sobrellevarse si se une al sufrimiento de Cristo en la cruz. Devolviendo así no sólo el valor y la dignidad de los que sufren sino tal vez más aún, haciéndolos partícipes de ese camino redentor como decía Juan Pablo II  cuando hablaba del sufrimiento humano en un sentido sobrenatural.

Por lo tanto esa tendencia general a aceptar la eutanasia para evitar ese sufrimiento termina por no reconocer el valor de la vida humana con todo lo que conlleva además de que suele ser un acto bastante egoísta aunque en general esto sea inconsciente. Los  hijos que viendo a sus padres enfermos y viejos buscan en ese “evitar el sufrimiento” quitarse el peso de encima cuando no el estorbo que representan sus padres. El Estado que promueve la eutanasia busca también en ese “evitar el sufrimiento” reducir gastos de salud pública. Aquel cónyuge que quiere “evitar el sufrimiento” de su esposo o esposa muchas veces quiere evitar su propio sufrimiento para poder continuar su vida. La verdad es que la eutanasia parte de la falsa idea de que el sufrimiento o la edad restan dignidad a la persona  y quizá su vida ahora vale menos que la muerte.

Finalmente también Juan Pablo II hablaba del sufrimiento en un sentido humano diciendo que en él el hombre se encuentra a sí mismo, su propia humanidad, su propia dignidad y su propia misión.

El sufrimiento tal vez sea inevitable pero es una parte importante de la naturaleza humana. Por lo tanto, no debemos permitir que el sufrimiento vaya en detrimento de la dignidad humana sino que, por el contrario, debemos entender su importancia en nuestras vidas y solo así podremos ser capaces de comprender y no abandonar a las personas que sufren.


domingo, 7 de julio de 2013

Reflexiones sobre la creación


¿Qué había antes del mundo? Existía Dios. Y Dios creó el cielo y la tierra, el día y la noche, las estrellas y los árboles, el sol y la luna, las plantas y los animales. ¿Pero qué alcance tiene el relato de la creación en la biblia?  A lo largo de los últimos siglos la ciencia del hombre ha avanzado muchísimo y hemos descubierto tanto galaxias gigantescas a miles de años luz como los pequeños átomos que componen el universo. Hemos descubierto que millones de años antes de que existiera el hombre, la Tierra ya había visto a otros huéspedes. Y con base en lo anterior y en las teorías sobre la evolución hay quienes afirman que el relato bíblico de la creación ha perdido validez o que al no ser “útil” para describir la historia natural de la Tierra debería ser desechado. Aún más, hay quienes se sorprenden por el hecho de que la cristiandad base sus creencias en libros tan equivocados como la biblia.

Antes de continuar debemos hacer una consideración importante sobre la biblia. No es, como muchos pretenden, un libro científico. No pretende explicar el cómo del universo sino el porqué del pecado y de la necesidad de un salvador para la humanidad.

¿Qué alcance tiene pues el relato de la creación?  No pretende explicar el origen ni mucho menos la evolución del universo (lo cual no implica que todo en la naturaleza no sea obra de Dios). Lo que sí pretende explicar es que el hombre es la razón de ser de la creación. Creados a  imagen y semejanza de Dios tenemos la razón para comprender el orden de las cosas establecidos por dios y la voluntad de dirigirnos por nosotros mismos para nuestro bien verdadero.

Lo único que se le pidió al hombre y a la mujer fue no comer de un árbol, el árbol del conocimiento del bien y el mal. Ellos vivían en el estado de santidad en el que fueron creados y vivían en el Edén en estrecha relación con Dios. El los conocía y ellos lo conocían. El hombre reconocía a Dios como su creador y como la fuente de todo cuanto necesitaba y por ello confiaba en Dios y lo obedecía.

Y entonces fue que el demonio, un ángel que había decidido ser rebelde ante Dios, engañó al hombre pues lo despreciaba y quería romper con el orden establecido por Dios haciendo perder al hombre su favor ante su creador. Convenció así al hombre de comer del árbol prohibido y  dejó morir en su corazón la confianza hacia el creador.

El hombre siempre había vivido en libertad en el Edén pero abusó de esa libertad y vemos cómo, por este pecado, es el hombre el que se esconde de Dios. No es Dios quien aparta al hombre de si, sino que es el hombre quien se aparta de Dios. El hombre deja de reconocer a Dios como la fuente de cuanto necesita y por eso ahora será él quien deba trabajar la tierra, y el pecado le traerá la muerte no solo del cuerpo sino también del alma que Dios había creado en santidad.

El hombre ya no puede vivir entonces al lado de Dios, y aún cuando Dios sigue conociendo al hombre el hombre ya no conoce a Dios como antes. Ha perdido esa confianza y ha dejado entrar el mal en su corazón. Sin embargo Dios no quiere dejar así al hombre y por la misma libertad por la que el hombre se alejó de Dios puede regresar a él por medio del arrepentimiento y gracias a la misión redentora de Jesús, el Mesías.
Así comienza pues la historia de la salvación del hombre, una búsqueda continua del alma humana por volver a su creador y de Dios por ver regresar al hombre. Dios quiere que el hombre vuelva a amarlo y que confíe en él como antes pero eso debe ser una decisión libre del hombre. Por ello, Dios se va revelando al hombre poco a poco y terminará por entregar a su hijo, Jesús, para  salvación de los hombres. Por medio de esta revelación el hombre puede volver a conocer a Dios, re-conocerlo como su creador y fuente de vida durante el antiguo testamento y como su salvador en el nuevo.


Este es el mensaje de la biblia, el porqué de la caída del hombre y el cómo fue necesario que viniera Jesús para poder alcanzar la santidad y poder regresar finalmente al creador. Dios permitió que el hombre cayera, pero también permite que por medio de Cristo el hombre vuelva a él. ¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!

Dejo finalmente un extracto de una homilía de Benedicto XVI del día 6 de enero del 2011. Hablando de los magos que siguieron la estrella dice:

«Debemos volver al hecho de que esos hombres buscaban las huellas de Dios; buscaban leer su “firma” en la creación; sabían que “los cielos narran la gloria de Dios” (Sal 19,2); estaban seguros, de que Dios puede vislumbrarse en lo creado. Pero, como hombres sabios, sabían sin embargo que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la razón en búsqueda del sentido último de la realidad y con el deseo de Dios movido por la fe, como es posible encontrarlo, incluso se hace posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Contemplándolo, estamos invitados a leer en él algo profundo: la sabiduría del Creador, la inagotable fantasía de Dios, su infinito amor por nosotros. No debemos dejarnos limitar la mente por teorías que llegan siempre sólo hasta un cierto punto y que -si miramos bien- no están de hecho en contradicción con la fe, pero no logran explicar el sentido último de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos dejar de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra. Si tenemos esta mirada, veremos que el que creó el mundo y e que nació en una cueva en Belén y sigue habitando entre nosotros en la Eucaristía son el mismo Dios vivo, que nos interela, nos ama y quiere llevarnos a la vida eterna.»

viernes, 15 de marzo de 2013

El nuevo papa Francisco





Annuntio vobis gaudium magnum;                                                     
(Os anuncio con gran alegría:
habemus Papam:                                                                                                   
Tenemos Papa,
Eminentissimun ac Reverendissimum Dominum,                           
El eminentísimo y reverendísimo
Dominum Georgium Marium                                                                                
Señor Jorge Mario
Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem Bergoglio         
Cardenal, de la Santa Iglesia Romana, Bergoglio
qui sibi nomen imposuit Franciscum                         
Que ha tomado el nombre de Francisco)[1]

Lo que ha ocurrido el miércoles ha sido calificado por algún periodista de “histórico”. Se refieren, desde luego, a que es un hecho de especial trascendencia. En efecto lo es y por varias razones.
En primer lugar es un evento especial porque no todos los días se elige un nuevo papa (tan sólo ha habido 266 hasta ahora), y aún menos frecuente es que se elija un sumo pontífice después de la renuncia del anterior. En segundo lugar es trascendente por ser la primera vez que un papa toma el nombre de Francisco. Además es  trascendental también por ser la primera vez que un jesuita es elegido como papa.
Hasta aquí algunas de las razones por las que lo acontecido el trece de marzo es especial, histórico. Pero hay más, que pueden parecer casi triviales (pero no lo son). Tienen que ver con esos actos simples y cotidianos que parecen irrelevantes pero de los cuales está hecha la vida. Por un lado están los actos de los cardenales, por otro, los del nuevo papa; también están los de los católicos y no católicos.
Por parte de los cardenales el suceso en cuestión es muy importante por dos situaciones principalmente: una, la brevedad del cónclave y otra, la disposición de ánimo que al parecer primó entre los cardenales. Respecto a la primera: la brevedad del cónclave da fe de una unidad especial entre los cardenales y de una actitud de diálogo y acuerdo. Sobre la segunda: parece ser que los cardenales saben que debe haber cambios en la curia y están dispuestos a que se hagan.
Por parte del nuevo obispo de Roma están sus acciones antes de ser papa y sus acciones (que aunque pocas muy significativas) después de su elección como vicario de Cristo y cabeza visible de la Iglesia.
Antes de ser papa, el cardenal Jorge Mario Bergoglio viajaba en transporte público (pudiendo tener automóvil propio y hasta chofer), se preparaba su comida, vivía en un departamento en lugar de en el palacio episcopal y abrazaba con ternura y afecto a los enfermos. Pero ahora, ya siendo papa, ha dado también muestras de una gran humildad y simplicidad; y ha sido desde los primeros momentos de su pontificado que ha dado esas señales. Dan cuenta de ello las primeras palabras que dirigió a los fieles desde la basílica de San Pedro:

«Hermanos y Hermanas, ¡Buenas Noches!
Sabéis que el deber del Conclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo... Pero estamos aquí... Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo: ¡Gracias! Y antes que nada, querría hacer una oración por nuestro Obispo Emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, para que el Señor le bendiga y la Virgen lo custodie.»

Después rezó, junto con los fieles, un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, y luego continúo:

«Y ahora, empezamos este camino: obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: los unos por los otros. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Os deseo que este camino de la Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructuoso para la evangelización de esta ciudad tan hermosa.
Y ahora querría dar la bendición,... Pero antes, antes, os pido un favor: antes de que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis al Señor para que me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí.
Ahora os doy la bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
Hermanos y hermanos os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezar por mi y hasta pronto. Nos veremos pronto: mañana quiero ir a rezar a la Virgen, para que custodie a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.» 
Durante los dos días siguientes también ha manifestado su humildad. Ha querido viajar en el autobús con los cardenales en lugar de ir en la limusina preparada para él. Además ha pagado la cuenta de su hospedaje a pesar de no tener necesidad de hacerlo, ya que el lugar pertenece al Vaticano.

La importancia de llamarse Francisco



Pero esas no han sido sus únicas muestras de sencillez. Ya desde antes había dado un gran mensaje, mediante el importante gesto que mencioné de pasada al inicio. Me refiero al nombre que tomó, pues San Francisco es uno de los mejores ejemplos de santidad en la Iglesia.
Francisco il poverello de Asís, después de una vida muy cómoda, renunció a toda riqueza y vivió muy pobre. Pero no sólo hizo eso. También ayudo a muchísima gente gracias a los bienes y al dinero al que renunciaron sus seguidores. Y por si todo eso no fuera suficiente, evangelizó (i. e., convenció de conocer y seguir el evangelio) a mucha gente y también hizo enormes esfuerzos por lograr la paz. Además fundó la Orden Franciscana y la Orden de las Hermanas Clarisas.
Por eso es Francisco el papa que la Iglesia necesita hoy. El papa Francisco ha elegido su nombre pensando en uno de los santos más importantes (porque decidió ser el menor entre sus hermanos) y que han dado mejor ejemplo de lo que es seguir a Jesús y tomar su cruz. No pudo haber escogido el nuevo papa un mejor santo para interceder por él y tenerlo de compañía en el momento presente de la Iglesia, un momento de grandes dificultades, es decir (como en la época de San Francisco), de grandes oportunidades.


[1] EL CARDENAL BERGOGLIO ES EL PAPA FRANCISCO, Servicio de Información Vaticana, disponible en: http://www.news.va/es/news/el-cardenal-bergoglio-es-el-papa-francisco (consultado el 15 de marzo de 2013).

jueves, 14 de marzo de 2013

Juan Pablo, Benedicto y Francisco


                Para muchos de nosotros, al menos para todos los que tenemos menos de 33 años, el cónclave de hoy fue el segundo que nos toca vivir. Pero, ¿qué es un cónclave?, algunos la definen como una reunión de cardenales para elegir al papa, pero ¿quién es el papa?

                La primera vez que supe de la existencia del papa fue cuando tenía alrededor de 8 y 9 años con una serie de historietas sobre santos y algunos hombres importantes. Me llamó la atención que sobrevivió a la segunda guerra mundial y que como papa tenía una vida muy activa, había visitado México, lo habían tratado de asesinar... ¡era una historia increíble! Sin embargo, lo que más me sorprendió fue el hecho de que, a diferencia de la mayoría de los protagonistas de dichas historietas, no mencionaban su muerte.

                Le pregunté a mi mamá si lo conocía y que si era una historia real, poco tiempo después volvió a visitar México y esta vez fui algo más consciente de que existía el papa.

                 Creo que los recuerdos más nítidos que tengo sobre Juan Pablo II son aquellos del final de su pontificado, tenía ya 14 años y era algo  más consciente del papel de la Iglesia en el mundo y sobre todo en mi vida. Me impresionó mucho, y creo que no fui el único, la manera en que afrontó su enfermedad y el testimonio que dio aceptando el sufrimiento. Hoy en día muchos creen que los cristianos buscamos el dolor cuando lo único que hacemos es aceptarlo y no querer huir de él. Sin duda la frase que más recuerdo de Juan Pablo II es que “si Cristo no se bajó de la cruz, el papa tampoco lo hará” porque es un hecho que el papado es una cruz que para cargarla la ayuda de Dios es imprescindible.

                El papa que todos pensaban que su importancia radicaba en su corta edad al ser elegido, en su vigor y su fuerza en el cuerpo, nos enseñó que el cuerpo es frágil y muere pero el alma es inmortal y debe permanecer siempre unida al Señor para encontrar la fortaleza.

                La última semana del papado de Juan Pablo II (uno de los papados más largos de la historia) transcurrió en silencio, con tristeza y con mucha oración. Finalmente llegó el cónclave con el anuncio de Habemus papam y Bendicto XVI se asomaba al balcón para describirse como “simple y humilde”

                Inmediatamente los periodistas y algunas personas opinaban que sería un papado de transición y que desgraciadamente no tenía el carisma de Juan Pablo II y que poco podría hacer con una falta de vigor evidente. ¡Qué equivocados estaban…!

                Mucho se ha criticado a Benedicto XVI de no haber sido capaz de afrontar el tema de la pedofilia y los abusos por parte de algunos sacerdotes, de no haber sido capaz de unir a los cristianos, de no haber tenido un adecuado diálogo interreligioso o de haber sido extremadamente conservador.

                Benedicto XVI inició su pontificado tratando el tema de la pedofilia y los abusos, viajó a Estados Unidos y en sus mensajes se nota un sentimiento de profundo dolor y tristeza pero mucha firmeza al denunciar estos abusos, muchas de las víctimas se han conmovido y algunas han compartido su agradecimiento al papa por sus mensajes y por haberse puesto en sus zapatos.

Evidentemente es algo difícil para cualquier persona tratar de estos temas cuando has sufrido dichos abusos y nadie podría negar que fueran actos deplorables e incluso que son mal vistos a los ojos de Dios. Pero no es posible deducir de eso que el celibato es algo negativo o que no tienen validez las enseñanzas de la iglesia, sería lo mismo deducir que no debería de haber restaurantes porque hay algunos en los que comes y terminas con una infección en el estómago.

Además hay que entender algunas cuestiones, no es lo mismo encubrir que castigar a su manera. Para un sacerdote el hecho de que le prohíban celebrar misa o confesar, o que le prohíban tener una vida pública es uno de los castigos más severos que le pueden imponer a un sacerdote.

Sobre la división de los cristianos, en tan solo 8 años se escucharon al menos dos eventos importantes en pro de la unidad de los cristianos en relación con algunos luteranos y con los Lefebristas. Del diálogo interreligioso, los viajes de Benedicto XVI a Israel y a Turquía, entre otros, además de los mensajes de agradecimiento recibidos en diversas ocasiones por parte de miembros de otras religiones, demuestran el compromiso que tuvo el papa con extender los lazos de amistad con otras religiones.

En cuanto al insistir en acusar al papa, y a la iglesia, de ser conservadores y de no abrirse a tiempos modernos me parece algo repetitivo que llega a ser incluso tedioso. Si, la iglesia es conservadora, ha conservado durante 2000 años su esencia y su misión a pesar de las adversidades, ha mantenido su curso a pesar de las tormentas. Si la defensa de la vida y la visión de la iglesia sobre la sexualidad del hombre se desprenden del Evangelio no veo por qué habría de cambiar. No creo que nadie en su sano juicio creería en una religión que le tratara de enseñar a su maestro la verdad que, por comodidad, han considerado la mejor para el momento presente.

La supuesta falta de carisma me parece poco creíble al ver la reacción de los jóvenes en las últimas jornadas mundiales de la juventud y sobre todo al ver la gratitud con la que se despidió a Benedicto XVI.

Si hubiera que resumir el papado de Benedicto XVI con tres palabras serían si duda: fe, esperanza y caridad. Dos encíclicas sobre la caridad, una sobre la esperanza y el inicio de un año de la fe que viendo detenidamente ha empezado a dar sus frutos. Y una vez más nos demostró su sencillez y humildad al reconocer que su deber era renunciar al papado.

No se bajó de la cruz, simplemente cedió el timón a otra persona pero permanece en la misma embarcación. El papa que todos pensaban que su importancia radicaba en su intelecto, nos recordó que la razón nos sirve para encontrar a Dios, pero para alcanzarlo necesitamos la oración y la meditación.

La última semana del papado de Benedicto XVI transcurrió en aplausos, agradecimiento y mucha oración. Y finalmente llegó el cónclave del que muchos aseguraban que sería largo,  que elegirían a un papa joven,  y de los muchos nombre que se ni figuraba el cardenal Bergoglio que fue electo al segundo día y que es sólo dos años más joven que Benedicto XVI al empezar su pontificado. Quizá esto es una prueba más de que quien elige no son los cardenales sino el espíritu santo.

Así que aquí estamos, viendo a un papa que ya era querido antes de ser elegido y que ahora con seguridad será amado. Un papa que nos ha demostrado ser también sencillo y humilde, no solo al elegir por nombre Francisco (¿quizá en honor al humilde y extraordinario santo de Asís?) sino también al pedir la bendición de los fieles sobre su obispo. Y seguramente, si todos lo ayudamos con nuestras oraciones, entrará a formar parte de una serie de hombres santos que hemos tenido el privilegio de ver como vicarios de Cristo.

Algo que me llamó la atención de Francisco, fue que en su bendición Urbi et Orbi, comenzó con un sencillo ‘buenas tardes, fue un discurso que bien podría ser  un encuentro con un amigo y tal vez sea con ese amigo a quien el papa representa. También creo que es importante el énfasis que hizo en la oración: primero, para pedir por su antecesor. Podríamos decir que debemos pedir por nuestros padres, por nuestra familia. Después, ser humildes y reconocer que necesitamos de la oración de los demás y finalmente pedir por todo el mundo. Creo que con la oración que inició su pontificado unió no solo a los católicos sino a muchas personas que están por descubrir el gran amor que Dios nos tiene a todos y cada uno de nosotros.

Si me preguntan que de los papas que conocí a cual prefiero diré que todos son mis papas, que todos me han enseñado algo y que en todos he podido ver que es Jesús y no un Wojtyla, un Ratzinger o un Bergoglio quien nos tiende, no la mano, sino los brazos para que corramos a su encuentro.

               En este año de la fe y dados los eventos ocurridos debemos creer con firmeza en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica. ¡Viva el papa! Y que Dios lo bendiga.

                                                                                                                                                                                             Pedro  David


Hermanos y hermanas, buenas tardes.
Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo..., pero aquí estamos. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. Gracias. Y ante todo, quisiera rezar por nuestro Obispo emérito, Benedicto XVI. Oremos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo proteja.
(Padre nuestro. Ave María. Gloria al Padre).
Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran fraternidad. Deseo que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el cual me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa. Y ahora quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí....
Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.
(Bendición).
Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por vuestra acogida. Rezad por mí y hasta pronto. Nos veremos pronto. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma. Buenas noches y que descanséis.